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L'Actualité de Frères
des Hommes
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La Bolivie vue par Eduardo Galeano Dans un article paru dans le quotidien mexicain, “La Jornada”, Eduardo Galeano*, grand auteur uruguayen, figure emblématique de l’engagement politique, porte un regard sans concession sur la Bolivie, sur la « minorité minoritaire » qui l’a gouvernée pendant des siècles en excluant des « majorités » et rend hommage au président Evo Morales, au nouveau départ que représente son élection à la tête de ce pays resté si longtemps invisible dans les médias et sur la scène internationale.
* Eduardo Galeano, journaliste, est l’auteur de nombreux romans, essais, articles… et notamment du livre « Les veines ouvertes de l’Amérique latine » dans lequel il a décrit avec minutieuse les mécanismes de pillage de l’Amérique latine par les puissances dominantes Espagne, Portugal, Angleterre et Etats-Unis. Paru en 1970, cet ouvrage est devenu un classique.
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Jornada - Mexique La segunda fundación de Bolivia. El 22 de enero del año 2002, Evo fue expulsado del Paraíso. O sea: el diputado Morales fue echado del Parlamento. El 22 de enero del año 2006, en ese mismo lugar de pomposo aspecto, Evo Morales fue consagrado presidente de Bolivia. O sea: Bolivia empieza a enterarse de que es un país de mayoría indígena. Cuando la expulsión, un diputado indio era más raro que un perro verde. Cuatro años después, son muchos los legisladores que mascan coca, milenaria costumbre que estaba prohibida en el sagrado recinto parlamentario. Mucho antes de la expulsión de Evo, ya los suyos, los indígenas, habían sido expulsados de la nación oficial. No eran hijos de Bolivia: eran no más que su mano de obra. Hasta hace poco más de medio siglo, los indios no podían votar ni caminar por las veredas de las ciudades. Con toda razón, Evo ha dicho, en su primer discurso presidencial, que los indios no fueron invitados, en 1825, a la fundación de Bolivia. Esa es también la historia de toda América, incluyendo
a Estados Unidos. Nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia
de los países americanos fue desde el principio usurpada por una
muy minoritaria minoría. La elección de Evo Morales es, al menos en este sentido, equivalente a la elección de Michelle Bachelet. Evo y Eva. Por primera vez un indígena presidente en Bolivia, por primera vez una mujer presidente en Chile. Y lo mismo se podría decir de Brasil, donde por primera vez es negro el ministro de Cultura. ¿Acaso no tiene raíces africanas la cultura que ha salvado a Brasil de la tristeza? En estas tierras, enfermas de racismo y de machismo, no faltará quien crea que todo esto es un escándalo. Escandaloso es que no haya ocurrido antes. Cae la máscara, la cara asoma, y la tormenta arrecia. El único lenguaje digno de fe es el nacido de la necesidad de
decir. Bolivia parecía ser no más que el seudónimo de los que en Bolivia mandaban, y que la exprimían mientras cantaban el himno. Y la humillación de los indios, hecha costumbre, parecía un destino. Pero en los últimos tiempos, meses, años, este país vivía en perpetuo estado de insurrección popular. Ese proceso de continuos alzamientos, que dejó un reguero de muertos, culminó con la guerra del gas, pero venía de antes. Venía de antes y siguió después, hasta la elección de Evo contra viento y marea. Con el gas boliviano se estaba repitiendo una antigua historia de tesoros robados a lo largo de más de cuatro siglos, desde mediados del siglo dieciséis: la plata de Potosí dejó una montaña vacía, el salitre de la costa del Pacífico dejó un mapa sin mar, el estaño de Oruro dejó una multitud de viudas. Eso, y sólo eso, dejaron. Las puebladas de estos últimos años fueron acribilladas a balazos, pero evitaron que el gas se evaporara en manos ajenas, desprivatizaron el agua en Cochabamba y La Paz, voltearon gobiernos gobernados desde afuera, y dijeron no al impuesto al salario y a otras sabias órdenes del Fondo Monetario Internacional. Desde el punto de vista de los medios civilizados de comunicación,
esas explosiones de dignidad popular fueron actos de barbarie. Mil veces
lo he visto, leído, escuchado: Bolivia es un país Nada tiene de raro. Esa ceguera no es solamente una mala costumbre de extranjeros arrogantes. Bolivia nació ciega de sí, porque el racismo echa telarañas en los ojos, y por cierto que no faltan los bolivianos que prefieren verse con los ojos que los desprecian. Pero por algo será que la bandera indígena de los Andes rinde homenaje a la diversidad del mundo. Según la tradición, es una bandera nacida del encuentro del arcoiris hembra con el arcoiris macho. Y este arcoiris de la tierra, que en lengua nativa se llama tejido de la sangre que flamea, tiene más colores que el arcoiris del cielo. |
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