| México:
Ante una elección de estado
ALAI AMLATINA, 03/07/2006, México DF
Salvador del Río
ALAI AMLATINA, 03/07/2006, México DF. - Si no por un fraude cibernético
o a la manera tradicional en las casillas, el país estaría
ante una elección de estado en la que, desde meses antes de la
votación y acentuadas en los últimos días de las
campañas, el gobierno de Vicente Fox, su partido Acción
Nacional y una serie de fuerzas económicas y políticas desplegaron
acciones de todo género para impedir el arribo del centroizquierdista
Manuel López Obrador, cuya alianza con los partidos del Trabajo
y Convergencia Democrática enfrenta ahora a la maquinaria mediático-oficial
dispuesta a hacer valer el triunfo del candidato oficial Felipe Calderón
en un proceso inesperadamente inacabado cuyo desenlace puede resultar
en una profunda división política en el país.
El compás de espera impuesto por el Instituto Federal Electoral
(IFE) al posponer el anuncio de las tendencias
preliminares de los sufragios emitidos en 300 distritos electorales el
domingo pasado, plantea la inminencia de la
impugnación de de la elección por parte de la coalición
de Andrés Manuel López Obrador ante las instancias
calificadoras de los comicios y con ello un proceso cuyas consecuencias
serán un conflicto poselectoral --
impugnaciones previstas por parte de los proclamados perdedores en tribunales
y hasta amenazas de violencia-.
El dato de cerca de 14 millones de votos para cada uno de los dos primeros
lugares sugeriría, por una parte, la
ominosa derechización de una porción importante de la sociedad
mexicana y por la otra la imposibilidad de los
elementos de un espectro de centro izquierda para mostrar a plenitud la
perspectiva de cambio de una política que por espacio de cuatro
sexenios ha acentuado la desigualdad económica y la miseria y ha
entregado al capital extranjero valiosos recursos que pertenecen a la
nación.
El no resultado desde las primeras horas después de la elección
alienta asimismo las críticas al sistema electoral
mexicano y hacia la parcialidad de las autoridades supuestamente encargadas
de registrar y sancionar evidentes
delitos electorales que se dieron en los meses y semanas previos a la
elección. En el empeño de "pluralidad"
extensa de un nuevo concepto de la democracia y en la complacencia para
satisfacer intereses de grupo o de
caudillaje corporativo, se ha dado la proliferación de partidos
carentes de una verdadera base política y cuya
presencia contribuye -ahora se ve-a empañar más que a clarificar
el saldo de la contienda.
Si, como observadores políticos y expertos en procesos electorales
coinciden en señalar, debe descartarse el
fraude cibernético y en las urnas por los métodos clásicos
del pasado, no ocurre así con las evidencias de inducción
al voto y de múltiples delitos electorales cometidos por el aparato
oficial y el propio PAN desde meses antes de la votación y que
se intensificaron en los últimos días ante la pasividad
sospechosa de las autoridades encargadas de registrarlos y sancionarlos,
concretamente el Instituto Federal Electoral y la Fiscalía Especial
para Delitos Electorales.
El gobierno y el PAN recurrieron a todo: al intento de desafuero del
candidato del PRD siguió una larga lista de
acciones para impedir su llegada a la presidencia. Entre las últimas:
acusaciones sin fundamento por un supuesto fraude a un hermano de Andrés
Manuel López Obrador y al candidato del PRI a la gubernatura de
Jalisco; violación de la página en internet del candidato
del PRD, reactivada por hackers para introducir una carta apócrifa
que de ser cierta habría violado la suspensión de toda manifestación
de proselitismo en los días previos a la elección e invitado
a sus seguidores a no aceptar la derrota en los comicios; una campaña
de inducción del voto en favor de Acción Nacional mediante
llamadas telefónicas para las cuales se hizo uso de datos del padrón
electoral que el PAN obtuvo con la complicidad de funcionarios del Instituto
Federal Electoral y, por supuesto, el discurso permanente del presidente
Vicente Fox en favor de la continuidad de su política de gobierno
y de alerta a los ciudadanos respecto al "peligro" de votar
por el "populismo" de López Obrador.
La campaña para sumar votos a Felipe Calderón buscó
golpear por igual al PRD y al PRI. Uno de los últimos intentos
por allegar votos al aspirante Felipe Calderón fue la intempestiva
resolución que abrió la detención domiciliaria del
ex presidente de la República Luis Echeverría, en la fase
final de un proceso que, según se preveía los medios judiciales,
debió concluir con el rechazo a la acusación de genocidio
en los sucesos del 2 de octubre de 1968 y en todo caso con un fallo en
el que se considerara que el entonces secretario de Gobernación
no fue el responsable de la participación del ejército.
Pero al parecer el Magistrado Máttar tenía un proyecto de
recambio para lo que se ofreciera, o bien preparó uno de emergencia.
Lo cierto es que, de acuerdo con testimonios del personal del Segundo
Tribunal Unitario, el miércoles por la noche y el jueves durante
todo el día se trabajó ahí a marchas forzadas para
integrar la resolución finalmente entregada a la Fiscalía
de Carrillo Prieto. Sea que el magistrado hubiera dispuesto de un "plan
B" o que haya preparado una resolución de última hora,
es fácil imaginar las razones del cambio, similares a otras en
las que fallos judiciales discutibles se han inclinado hacia los intereses
del poder.
En el compás de espera, la relación de fuerzas entre el
Ejecutivo y el Legislativo que se espera del resultado de
las elecciones, con el PAN como la primera mayoría pero con una
oposición adversa y resentida, no augura ni garantiza una situación
de gobernabilidad ni será signo de un verdadero avance democrático
para el país.
|