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RETRATO
/ CUBA
Carmen lucha con empeño para el desarrollo comunitario
Carmen Monteagudo está involucrada desde hace 13 años en el CIERIC (Centro de Intercambio y Referencias sobre Iniciativas Comunitarias), socio cubano de FDH. Economista de formación, se descubrió una pasión para el desarrollo comunitario. Y la vive plenamente. Sonriente, comparte su experiencia con nosotros con pedagogía y entusiasmo. ¿Carmen, cuáles son tus raíces? Mis padres no crecieron en la ciudad sino en pequeños pueblos, donde los valores humanos de solidaridad se practican de manera más sistemática, donde las pequeñas cosas toman un valor diferente, donde la naturaleza se disfruta, se cuida y sobre todo se reconoce su importancia para la subsistencia familiar. A mis padres y abuelos les toco trabajar duro y no llegaron a la Universidad. Pero de ellos, aprendí tantas cosas que hoy pongo en práctica y que dan razón a mi vida personal como profesional. Háblanos de tu recorrido, de tus luchas. Estudié matemática cibernética y ejercí esta carrera durante algunos años. Luego me puse a estudiar economía. Fue ésta la especialidad que me llevó al CIERIC, donde descubrí mi vocación por el trabajo social. Hoy me dan mucha pena las miserias humanas que hacen a los hombres ser injustos uno con los otros, que marcan las desigualdades y que desatan conflictos. También me da rabia la inconciencia de los grandes poderes que están deteriorando a pasos acelerados la naturaleza y sobretodo a la especie humana. Hoy quiero luchar contra el egoísmo y el oportunismo de los humanos.
¿Cómo llegaste a trabajar en el sector de las asociaciones? Al inicio de los años 90, una amiga creó lo que dio origen al CIERIC de hoy. En un contexto de crisis económica del país, me invitó a participar en su proyecto para que la ayudara a promover las ideas nobles y necesarias que querría defender. Entré para encargarme de la gestión económica y luego, fue despertando mi vocación y compromiso social. De ahí, empecé a construir ideas junto a los grupos comunitarios, acompañándoles en sus estrategias de desarrollo y en la capacitación, que permitan el cumplimiento de sus deseos y mejoren su calidad de vida. ¿Durante varios años, fuiste involucrada, mediante el CIERIC, en el proyecto de viabilidad del Parque Metropolitano de la Habana [1]. Háblanos de esta experiencia… Esta experiencia me asustó en un inicio: era una tarea grande y que sobretodo involucraba a muchas personas e instituciones. Pero nos empeñamos y propusimos una estructura para la gestión, apoyada por especialistas de las instituciones. Ellos se integraron al proyecto y después, decidimos unirnos para formar grupos de trabajo. Hoy vemos con satisfacción como las propuestas se mantienen y enriquecen. ¿Puedes hablarnos de los proyectos en los cuales trabajas ahora? En la actualidad coordino el Programa de Iniciativas Sostenibles que promueve el CIERIC, donde se implementan proyectos socioculturales comunitarios, comprometidos en la duración. Hoy, las tradiciones y costumbres de las comunidades rurales en las que trabajo han desaparecido. Se han modificado los modos de vida y de producción, lo que junto a la crisis económica del país, muestran muchas carencias. Por ello se trabaja en la recuperación de alternativas de producción que les permite reformular su sentido de vida, creando niveles de autogestión. Me alegro mucho v er crecer las esperanzas de vida de los grupos con los que trabajo. ¿Cuáles son tus deseos para el futuro? Que mis hijos crezcan en un mundo más justo y puedan ver como yo las grandes diferencias que existen, siendo hombres y mujeres que trabajen a favor de la justicia social.
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